sábado, 21 de diciembre de 2013

El jugo, los fantasmas, el pasado y el presente

   El pibe está solo. O al menos eso cree y piensa. Se sienta en una mesa, con la copa a medio llenar, y su botella de jugo de uva al costado. Los grillos cantan. Los escucha. Casi que lo aturden. Las ventanas abiertas: 30 grados a la noche no son fáciles de sobrellevar. Más aún sin no hay electricidad, aunque mucho no le importe. La luz de una vela le permite ver, y a la vez lo quema un poco.
   Puede notar su sombra en la pared. Más grande que él, claro.
   Hace dos horas que lee y toma. Son las 4 y los grillos se calman. El sonido intermitente se hace cada vez más aletargado.

   “Hola”, escuchó.

   Inmóvil y entumecido, atinó a mirar para todos lados y no tuvo resultados.

   “Acá”, oyó.
   La escena era, por lo menos, surrealista. Empezó a escuchar más voces. Todos llamados. Nadie le decía algo concreto. Apagó la vela. Fue a la pileta y se mojó la cara. Con la poca claridad que provocaba la luna y que entraba por el ventiluz, se miró. Vio daños, nada más. El sonido de los grillos volvía a aturdirlo.
   Tomó su vaso. Dudó, pero se volvió a sentar. Junto coraje y encendió la vela otra vez.
   Quería terminar su botella de vino para poder dormir más sereno y sin remordimientos en lo que quedaba de noche. El miedo de ese momento valía para superar todo lo que siempre le venía después.
   “Esta vela tiene algo”, pensó. Su estado lo hacía delirar, o no, entre fantasmas, espíritus y demás yerbas.      Cuando la encendía transcurrían cosas que no podía explicar, y eso lo volvía loco. Todo ocurría de una manera distinta. 
   Los fantasmas, que estaban separados y eran indiferentes los unos de los otros, se unían. Los sentía. No era necesario que le dijeran algo.
   Casi inmóvil, solo pudiendo mover su brazo desde la mesa a su boca trasladando la copa, contemplaba su pasado, su presente, y nada más.
   Con su energía los espectros le impedían mirar hacia adelante u aventurar un mañana. El vino y sus fantasmas lo bloqueaban. Le impedían ir más allá de su copa.
   ¿Importarle? No, para nada. O al menos en ese momento.

   Cada noche la situación se resolvía de manera similar desde hace ya un tiempo. Si hay luz, la apaga, y utiliza la luna para ver parte del living en donde suele acomodarse. Ya está acostumbrado. 
   Al terminar los 750 centímetros cúbicos, se va a dormir. Tranquilo. Sin tormentos. La próxima noche volverá a repetir la escena, con o sin luz, con o sin velas. Con el pasado, con el presente, pero sin ver un futuro.

lunes, 4 de noviembre de 2013

La banda que tiene todo, el recital que tuvo todo

   De la diversidad de estilos musicales a las distintas temáticas que sus letras tocan. De los "villeros" a los más “chetos” de San Isidro. Del primer LG con cámara hasta la última versión de Samsung. De 1976 a 2013. Del sueño a la pesadilla. De Usuhaia a Jujuy. Del cielo al infierno. De la cumbia al rock. Los blancos, los negros y todos sus grises. Salta La Banca en Malvinas Argentinas invocó a todo.

   De la platea al campo, incorporando el vip. Todos fueron testigos del idilio que existe entre la banda, la sociedad, el amor, la lucha, y quienes entienden de qué se trata eso.

Foto: Twitter @saltalabanca
   Los temas de índole popular que afrontó nuestro país en las últimas décadas: todos presentes. Alguno podría decirme: “¿Y Malvinas?”. Y tendría que responder: “¿Me estás hablando en serio?”. Como una especie de susurro, grito y aliento, hace cuatro meses que miles de personas piensan en el “Malvinas Argentinas”.

   Nada quedó afuera. El destino, desde su lugar, se alineó a la noche perfecta.

   Esa “Chispa” de Salta la Banca pensó en todo. La seguridad, impecable. La gente, 10 puntos. La banda, a la altura de su exponencial crecimiento.

   “Gracias por dejar que nosotros podamos vivir soñando”. Para cuando Santiago Aysine dijo esas palabras el sábado pasado, más de 6.000 personas ya estaban soñando depiertos desde hace más de 1 hora y media.

   Un cúmulo de sensaciones indescifrables invadía seguramente a decenas de personas que hace poco más de 4 años vieron nacer ese proyecto y lo siguieron paso por paso.

   Miles, de los que lo vieron crecer desde Seremos, vivían la noche que obviamente ya esperaban sea mágica.

   Por su parte, cientos de curiosos asistieron a un evento para ver si podían entender un fenómeno cultural y social que, desde afuera, no comprendían.

   No es moda. ¿Qué moda deja enseñanzas?. Podría caer en la demagogia al citar: “Es la magia de la escuela independiente”. Pero está bueno agregarle a eso que es una fuerza que aturde, alivia y motiva a un cambio.

   ¿A qué clase de ser vivo no lo motiva un cambio?.

   Y sí. Como expresó su cantante, esa fuerza la generaron, solos, Salta la Banca y su público. Nadie les regaló nada. Quizá por eso mismo se los acompaña tanto desde abajo del escenario. Tal vez por eso hay tanto eco en el ambiente sobre ¿Qué es Salta la Banca?. Ningún medio lo explica, ningún buitre lo define con cierta objetividad.

   Dejan aprendizajes y reflexiones. Enseñan otras caras del amor y del odio. Aprender, reflexionar, amar y saber odiar. En un momento donde es tan fácil que se junten y traspapelen esos verbos, y que de vez en cuando nos mareemos y desilusionemos, es importante tener, o al menos intentar tener en claro cuál es nuestro enemigo. 

   Muchas veces el resultado será uno mismo, será importante entender los porqué.

   Hoy solo estoy seguro que escuchando, leyendo y asimilando a esta banda, podré aprender un poquito más de todo lo que se trata esta vida y el mismo entorno en el que vivimos. La sociedad, la suciedad, la vida, la muerte, las presencias y las ausencias. 

   Es un grupo de personas que hoy se mete en cada rincón de la mente de miles de chicos, jóvenes y adultos y alimenta la actividad neuronal para incorporar el “porqué” más allá del “está bien” o “está mal”.

   Brindo por Malvinas Argentinas, brindo por Salta la Banca, por la escuela independiente y porque sigo convencidísimo de que lo que cuenta es lo que se siente en la calle, en la gente, y no en los inventos de esos incoherentes que no quieren que lleguen tan alto como van a llegar.


Por Tato Vallejos

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