martes, 21 de agosto de 2012

Esclavos en el mundo de los soretes sonrientes, una mirada sobre Whatsapp


   Chat permanente de 24 horas, libre de pago. Si algo le faltaba a una tecnología para hacernos su esclavo era un servicio de mensajería gratuita. Y aun así uno podría dudar de la esclavitud, aunque ese no es el caso de Whatsapp.

   Las personas que cuentan con esta aplicación, que transfiere datos por medio de una conexión WiFi o de Red Móvil, pasan al menos 14 horas por día usándola.

   Digo 14 teniendo en cuenta que una persona promedio tiene otras ocupaciones como trabajo o estudios y duerme. Aunque inclusive a la hora de dormir, el Whatsapp continúa la colonización de los momentos de la vida cotidiana. “Me voy a dormir, chau”, dice alguien a las 00:30. Y luego su última conexión es a las 02:45.  

   Al levantarse, lo primero que hacen es revisar el celular y ver algún mensaje colgado que dejó la noche. Algún otro siervo necesitaba expresar algo, una carita triste, un sorete sonriente, un paragüas mojado, cualquier cosa que lo haga creer que ahí dentro existe un mundo en el cual hay otros que también permanecen cautivos.

   Desde el inicio del día el celular se convierte en un temporal de mensajes que en realidad no dicen nada. Muchas veces con cosas que cara a cara no se dirían.

    El Whatsapp permite que estas personas estén online las 24 horas, y que cuando no lo están sus contactos sepan cuándo fue la última vez que lo estuvo. ¿Enfermizo? Para nada, hay cosas peores.

   El tema del estado de conectividad podría ser lo más enfermizo. Cuando uno envía el mensaje, un tilde indica que se envió con éxito, otro tilde marca que lo recibió y, si estuvo conectado tras estas afirmaciones, el estado marca si lo leyó y te ignoró.

  Por lo que el Whatsapp nos lleva a inventar mentiras y coartadas para que la otra persona no se enoje si colgaste y no respondiste porque hablabas con otro contacto, o si simplemente lo leíste pero estabas viviendo una vida real en la que no podés permanecer embobado todo el tiempo con el celular.

   Pasan dos minutos, no responde. Miraste la pantalla unas 40 veces. Pasan 10 minutos, no contesta. Pasan 15, y hay que insistir.

   Así funciona las 24 horas, Whatsapp te domina, te esclaviza, te cautiva, te oprime, te tiraniza, te pone de mal humor. Cualquier similitud con una droga es pura coincidencia. 

Por Damián Vallejos